MI PADRE, LA MOTO Y EL CONTRABAJO

 

– ¿Qué estás haciendo?
– Un cabujón de ágata. Pensaba hacer un colgante con él, pero estoy pensando que igual queda mejor engarzado en un anillo de plata. ¿Qué te parece?
– Parece un huevo. Oye, necesito que dejes eso un momento y te pongas con este encargo. A mi se me han roto las patillas de éste pendiente y tengo que volver a empezarlo. Devasta y pule esta aguamarina, ¿Vale? Necesito seis caras bien definidas.
– Está bien.

(Enciendo mi máquina de trabajo. No hay hilo musical en la tienda. Necesito estar atenta al sonido del motor para saber si estoy trabajando correctamente. Mi padre se dirige a su mesa, se coloca las gafas de aumento y empieza a estudiar el pendiente y las posibles soluciones para su arreglo.)

– ¿Sabes? He pensado en sacarme el permiso de conducir. El de moto, claro está. De dos y medio.
– ¿Y para qué?
– Para poner a punto la Kawasaki y poder cogerla.
– ¿Y a dónde vas a ir?
– Podríamos ir al circuito de Jerez. Cuando era pequeña me prometiste que iríamos juntos. Que iríamos en moto, por carretera. Y que allí, acamparíamos el fin de semana, durante el circuito. En un camping de moteros. Eso me prometiste, ¿Recuerdas?
– Y no tan pequeña tú prometiste que me ibas a regalar un bajo acústico sin trastes por mi cumpleaños. ¿Recuerdas?

(Hago memoria. Está en lo cierto, aunque hacía mucho tiempo que lo había olvidado. Paro el motor, cambio de disco. Enciendo el motor, sigo trabajando.)

– Oye, papá; ¿Me enseñarás a tocar Jazz?
– Tú ya sabes tocar Jazz.
– Pero con el contrabajo.
– ¿Quieres aprender a tocar el contrabajo?
– Ahá…
– Pues ya sabes, en casa tienes dos bajos. Sólo tienes que ponerte.
– Yo quiero aprender a tocar el contrabajo.
– Primero se empieza con el bajo… Por cierto, ¿Cómo va eso?
– Bien, ya he cambiado de disco. ¿Y para aprender a tocar, compraremos un contrabajo? Uno barato.
– Aún tengo uno en Sevilla. Se lo presté a un colega hará quince años. Hace poco, a través de Facebook encontré a un amigo de este colega. A ver si hablando con él localizo al que tiene mi contrabajo y hacemos un viaje a Sevilla a buscarlo.
– ¿Sin avisar? ¿En plan mafia? ¿Presentándonos en su casa?
– Podemos intentarlo por las buenas. Si no, siempre se puede ir en plan mafia.
– Si no fuese por el viaje de vuelta. Podríamos ir en moto.

(Levanto la pieza de aguamarina del plato, la seco con un paño. Observo el resultado que estoy obteniendo. Mi padre se levanta y se sitúa a mis espaldas.)

– ¿Me dejas verlo? Ya casi está. Yo que tú ponía el disco de prepulido ya y no perdía más tiempo con eso. Por esta esquina no te preocupes, ahora te digo como arreglarlo, tiene truco. Luego te lo enseño.
– De acuerdo. Oye papá, ¿Crees que iremos a Jerez este año? En moto me refiero, llevando yo la Kawasaki.
– Para poder llevar la moto, deberías saber montar en moto.
– Por eso te he dicho que quería aprender antes, sacarme el permiso. Para que vayamos los dos juntos, tú con la Honda, yo con la Kawa. Hasta jerez, en carretera.
– Ese viaje lo hice yo con tu madre cuando éramos jóvenes. Ahora, no se si ya estoy mayor para un viaje largo y pesado.
– ¿Insinúas que deberíamos ir ambos en una misma moto?
– Si. Podría ser.
– ¿Quién conduciría?
– Podríamos ir turnando. Los viajes largos en moto, son cansados. Te advierto.

(Paro el motor. Seco la piedra con un pañuelo. Miro la hora. Faltan diez minutos para el cierre de medio día. No tengo ganas de seguir trabajando.)

– Papá. Me duele la muñeca, creo que me la he abierto. Estoy haciendo mucha presión, y tantos movimientos en círculos…
– Es normal.
– También me duele cuando toco el bajo.
– Eso es porque no estás acostumbrada.
– Era muy pequeña, ¿No? Cuando vendiste el contrabajo. Recuerdo que me gustaba más que el piano. Quería tocarlo.
– Querías romperlo.
– ¿Cómo?
– Siempre lo estabas rondando. Querías tocarlo, y lo toqueteabas todo el día. Yo tenía miedo de que se te cayera encima y se rompiera.
– ¿Temías por mí o por el contrabajo?
– Por ambos. (Miro hacia mi padre, está concentrado en su trabajo. Enciendo el motor de nuevo, y sigo su ejemplo de constancia.)
– Ahora que estoy aprendiendo tanto de joyería, cuando tenga el permiso de dos y medio y aprenda a tocar el contrabajo, seré casi como tú.
– También se de dibujo arqueológico, topografía, ilustración y fotografía.
– Me gustaría ser como tú… ¿Tú no te admiras?
– ¿Admirarme, yo? Qué preguntas más raras haces. Yo sencillamente paso.
– ¿No te gustas?
– No me doy asco.
– Yo creo que no podría tener un padre mejor.
– Podrías tener uno al que no se le rompieran las patillas de los pendientes que está arreglando, ¿No crees?.

Carmen Allepuz. Glíptica.

Una mañana de trabajo en nuestro Taller de Gemas.
Nunca antes había sentido tanta fascinación por alguien.
La expresión “Nunca antes” había resultado ser toda una vida.
Te quiero mucho papá; Feliz Cumpleaños Carlos.

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